El pasado sábado celebramos la primera Escuela de Familias de este año, un espacio de encuentro pensado para acompañar, informar y ofrecer herramientas prácticas a las familias en los retos de la autonomía cotidiana.
En esta ocasión, contamos con la ponencia de Claudia Díaz, terapeuta ocupacional, quien abordó un tema tan cotidiano como complejo: cómo enseñar el uso del dinero a niños, niñas y adolescentes con distintas necesidades, sin miedo y fomentando una autonomía real.
El manejo del dinero: una habilidad para la vida
Desde la Terapia Ocupacional, el manejo del dinero se entiende como una ocupación básica de la vida diaria, directamente relacionada con la participación social, el bienestar y la autonomía.
Durante la sesión se destacó que el uso del dinero no es solo una cuestión matemática, sino que implica múltiples habilidades:
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Funciones ejecutivas (planificación, inhibición de impulsos, anticipación de consecuencias)
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Regulación emocional (espera, frustración)
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Comprensión social y normas implícitas
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Lenguaje y comprensión
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Motricidad y praxis (pagar, contar, usar cajeros o apps)
Por ello, aprender a manejar el dinero requiere experiencia real, no solo explicaciones teóricas.
Principios clave: aprender sin retirar la experiencia
Uno de los mensajes más importantes de la charla fue claro: el miedo adulto no puede bloquear el aprendizaje.
Algunos principios generales que se compartieron fueron:
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El dinero se aprende usándolo en contextos reales, no en fichas.
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Es fundamental permitir errores controlados, en entornos seguros y con cantidades pequeñas.
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Retirar la experiencia (“mejor pago yo”, “no vaya a perderlo”) frena el aprendizaje.
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El dinero debe ser concreto y visible: mejor físico que digital, monedas antes que cifras abstractas.
La autonomía no se construye evitando dificultades, sino acompañándolas.
Diferentes perfiles, diferentes apoyos
La ponencia puso especial énfasis en que no todas las personas aprenden igual, y que el acompañamiento debe adaptarse al perfil y a las necesidades de cada niño o niña.
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TDAH: se destacó la impulsividad y la dificultad para frenar el gasto. Se propusieron estrategias como introducir pausas, usar listas de deseos, aplicar la regla de esperar 24 horas y priorizar el uso de dinero físico.
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TEA: se subrayó la importancia de la previsibilidad, los apoyos visuales y el entrenamiento previo de situaciones como “no alcanza el dinero”, validando siempre la emoción.
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Conductas desafiantes: se trabajó la necesidad de sacar el dinero del conflicto, evitar luchas de poder y utilizar contratos claros con consecuencias naturales.
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Discapacidad intelectual: se priorizó la funcionalidad y la repetición en contextos reales, utilizando análisis de tareas y preparando el dinero exacto para facilitar la autonomía.
El objetivo común en todos los casos fue el mismo: máxima funcionalidad posible y éxito real, no perfección.
Adolescencia, dinero y autonomía
Un bloque especialmente relevante fue el dedicado a la adolescencia, una etapa marcada por cambios emocionales, mayor necesidad de autonomía y menor tolerancia al control adulto.
Se remarcó la importancia de:
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Establecer acuerdos claros sobre el uso del dinero.
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Dar dinero real y permitir errores como parte del aprendizaje.
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Utilizar apoyos visuales, aplicaciones y los intereses personales como anclajes motivacionales.
Un inicio de año con mirada práctica y preventiva
Esta primera Escuela de Familias del año volvió a recordarnos que acompañar la autonomía es un proceso, que requiere confianza, estructura y coherencia. El dinero no debe convertirse en un campo de batalla, sino en una herramienta para aprender, equivocarse y crecer.
Agradecemos a Claudia Díaz su mirada clara y práctica, y a todas las familias su participación activa. Iniciamos así el año con el compromiso de seguir creando espacios de aprendizaje compartido que apoyen el desarrollo y la autonomía en la vida cotidiana.















